Contexto Político: Los favoritos del PRI en Chilpancingo

Después de Acapulco (la joya de la corona), Chilpancingo es el municipio más codiciado por los partidos políticos, ya que es la capital del estado de Guerrero y la sede de los poderes públicos.

El PRI ha gobernado ininterrumpidamente, pero en los últimos procesos electorales la oposición ha aumentado su presencia en las colonias y comunidades.

La mala administración que encabezó Marco Antonio Leyva (MAL) sigue presente en la memoria colectiva de los chilpancinguenses. Nadie olvida la desatención al problema de la basura, la inseguridad pública, las irregularidades financieras en el Ayuntamiento ni el pésimo servicio de agua potable.

Todo eso le pega al PRI rumbo al 2018.

La llegada del ferretero Jesús Tejeda Vargas a la Alcaldía generó un alivio para el tricolor, pues las protestas sociales y el “fuego amigo” bajaron de intensidad.

Lamentablemente, don Chucho Tejeda muy poco podrá hacer para enderezar la administración municipal. Las obras y los apoyos sociales van a parar en todo el estado por la veda electoral.

Lo único que hará el alcalde interino es evitar protestas de los trabajadores municipales, brindar servicios sin distingo a sus gobernados y llevarla bien con el gobierno estatal y el Cabildo.

Y al PRI no le queda de otra que designar a un buen candidato si realmente quiere retener la capital del estado.

Son varios tiradores y no todos garantizan competitividad en las urnas. De hecho, algunos han alzado la mano solamente para negociar otros espacios de poder.

Los que más suenan son la diputada federal y secretaria general de la Sección 36 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud (Sntsa), Beatriz Vélez Núñez; el ex diputado federal y actual director general del Instituto Estatal para la Educación de Jóvenes y Adultos de Guerrero (IEEJAG), Jorge Salgado Parra; el secretario particular del gobernador Héctor Astudillo Flores, César Armenta Adame, así como los diputados locales Beatriz Alarcón Adame, Ricardo Moreno Arcos y Víctor Manuel Martínez Toledo.

La dirigencia estatal del PRI tiene que valorar bien los perfiles de cada aspirante y no cometer el error de ungir como candidato a alguien que no tenga estructura, cercanía con la gente y experiencia en el ejercicio público.

Y de los seis mencionados, solamente Jorge Salgado y Beatriz Vélez tienen la capacidad para movilizar masas y un buen antecedente en las urnas. Son ampliamente conocidos y tienen un amplio trabajo territorial.

Recordemos que Jorge Salgado ya fue diputado local en la LIX Legislatura y diputado federal en la LXII Legislatura. Además, fue uno de los artífices del triunfo de Héctor Astudillo en Chilpancingo.

Beatriz Vélez, ni se diga. También contribuyó con la victoria del PRI en 2015 y como legisladora federal ha gestionado importantes recursos para el estado de Guerrero; es más, a Bety se le menciona también para encabezar una de las fórmulas al Senado de la República en 2018, ya que es una de las mujeres más influyentes del PRI en la entidad.

Si la legisladora originaria de Jaleaca de Catalán contiende por una curul en la Cámara Alta, dejará el camino libre a Salgado Parra.

Y si el PRI decide lanzar como candidato a alguien que nunca ha ganado en las urnas, simple y sencillamente estará condenado a una catastrófica derrota. ¿Se dará el tricolor ese lujo?

En el PRD las cosas se ven más  claras. El ex priista Antonio Gaspar Beltrán se perfila como el seguro candidato a la presidencia municipal.

ASTUDILLO Y LA UAGRO

Una vez más el gobernador Héctor Astudillo muestra su apoyo a la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro).

Serán aproximadamente 200 millones de pesos que el gobierno estatal entregará a través de un convenio a la máxima casa de estudios para el pago de dos meses de salario y aguinaldo de los trabajadores.

Todo esto ocurre luego de que el rector Javier Saldaña Almazán solicitara al mandatario su intervención para discutir de qué forma serían entregados los recursos que requiere la UAGro para el cierre de año.

Queda demostrado que Javier Saldaña es un buen gestor. Y todo se debe a las excelentes relaciones que ha establecido fuera de la institución, sobre todo con Astudillo, quien desde su llegada al poder ha sido solidario con la UAGro y ha respetado su autonomía.

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