Raybel Jacobo de Almonte, líder “tequilero”… De vendedor de leña, a cabecilla de grupo criminal que asoló a los pueblos

LA AGAVIA IRZA 7

De Raybel Jacobo de Almonte se han tejido varias leyendas oscuras sobre su origen: que fue policía judicial, que es una persona entrenada y con adiestramiento militar, pero para la población de este municipio está en claro únicamente que es uno de los principales cabecillas de la temeraria banda "Los Tequileros".

En la memoria de la mayoría de los totolapenses consultados, es claro el recuerdo que tienen de Raybel. "Era un muchacho que venía a vender leña, viene de familia muy humilde y era trabajador, pero hubo un momento en que se cebó, se volvió en lo que es hoy, nuestro mayor terror que hemos padecido en años (sic)", señalan los testimonios.

Refieren que hace unos diez años llegó a este municipio Vicente Popoca, un supuesto operador de “Guerreros Unidos” que traficaba drogas en Estados Unidos. “Vino para reclutar gente, primero fue su hermano ‘El Perico’ y luego fue Raybel. Iniciaron en la siembra y trasiego de droga, hasta que asesinó a su reclutador y se hizo cargo de su propio negocio", recuerdan.

Ese "negocio" fue el secuestro e inició con pequeños golpes para subsistir, un maestro, un médico, un ganadero, un comerciante, un ingeniero, un ganadero, que fueron sumando decenas, hasta llegar a doscientos, según cifras del Movimiento por La Paz.

Pero esos secuestros de personas cambiaron radicalmente cuando se unió a esta banda Mauro Hernández González alias "El Vago", oriundo de Palos Altos, municipio de Arcelia, y quien cambió drásticamente el modus operandi de la banda.

Ya no eran plagios individuales, se convirtieron en secuestros grupales, y prueba de ello fueron las 27 personas “levantadas” en El Salitre, municipio de Arcelia, cuando se dirigían a una boda; o los ocho maestros secuestrados en Santa Ana del Águila, municipio de Ajuchitlán del Progreso, o las 24 personas secuestradas de la mina de Temixco, incluido el hijo de la administradora.

Eso y la extrema violencia con la que ejecutan a sus víctimas provocaron el cierre masivo de negocios, la migración de pueblos enteros. En diez años, este municipio de la Tierra Caliente pasó de tener una población de 24 mil personas a una de tan sólo 12 mil.

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