La comunicación de la 4T

(Breve ensayo)

Por Jaime Irra Carceda
Por ahora, estoy a punto de convencerme de que el diseño de la política mediática de la 4T es casi perfecto.

En el 2018, para la aplicación presupuestaria en el año siguiente, el gobierno federal redujo en un 50 por ciento su gasto en publicidad y difusión de sus acciones.

En ese año, todavía con el presidente Enrique Peña Nieto, el egreso por ese concepto fue de 8 mil 898 millones de pesos y para el año siguiente, ya con Andrés Manuel López Obrador en el poder, la cifra bajó a 4 mil 711 millones. Una cantidad de dinero similar a esta última se mantuvo para el 2020 y se mantiene en este 2021.

Ante esto, los empresarios de medios impresos, radiofónicos y televisivos que sufren la reducción de sus ingresos, pasaron de una cierta acriticidad a la apertura o ampliación de posiciones críticas tanto en la exposición de sus noticias, como en sus espacios de opinión, en el columnismo, en los llamados “artículos de fondo” y en los editoriales que son el sello de la casa.

El aumento exponencial de la crítica expresada en periódicos, revistas y noticiarios de radio y TV, no le preocupa a López Obrador. Él mismo se encarga de batear los obuses en su contra desde las llamadas conferencias mañaneras que de lunes a viernes de cada semana se llevan a cabo desde el salón de la Tesorería en Palacio Nacional y, si es necesario, también batea, ya de simple hit, ya de homeroom durante sus giras de trabajo los sábados y domingos por el interior del país. Toda conjura, ataque, complot o supuestas conspiraciones son combatidas casi de inmediato por el personalísimo discurso presidencial.

Es decir, lo que se diga en los referidos espacios mediáticos en contra de AMLO, lo tienen sin cuidado porque su discurso contestatario es, en efecto, potente, además de que esa narrativa bateadora es reproducida (paradójicamente) casi de inmediato con cabezales grandes, medianos o chiquitos en los medios electrónicos y digitales (radio, TV, redes y plataformas) y al día siguiente en los impresos.

Es probable que el quid de esa estrategia mediática de la Presidencia de la República esté en las encuestas que mes a mes publican las empresas demoscópicas que, también paradójicamente, varias de ellas pertenecen o son parte de los mismos consorcios dueños de periódicos, televisoras o radiodifusoras.

Esto permite conjeturar o especular en que la novedosa estrategia mediática estuvo y está dirigida a “arreglos” económicos con las empresas encuestadoras que mes a mes mantienen a López Obrador con sobresalientes índices de aceptación en el seno de la ciudadanía y, de esa manera, ha sido permanente la percepción de que en estos poco más de 28 meses del gobierno de la 4T “a ese gallo no le han quitado ni una pluma”.

Es extraño que a pesar de que la opinión pública expresada en medios le es adversa a López Obrador, las encuestas arrojan datos en sentido contrario, son favorables. De esta manera la crítica es anulada con las encuestas.

Televisa, TV-Azteca, Milenio TV, El Financiero TV, todos los noticiarios radiofónicos, se encargan de dar a conocer las consultas a ciudadanos, cuyos resultados son favorables a AMLO.

¿Gato encerrado?

Si tales mediciones de opinión ciudadana se hacen encuestando a personas cuyos nombres y números telefónicos están registrados en el padrón de beneficiarios de los programas benefactores de la 4T, ahí puede estar la explicación de los resultados favorables a “cabecita de algodón”.

Esto es sólo una hipótesis que en adelante podría ser comprobada.

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