Jaime Irra Carceda
Castrado por la vida,
el poeta decidió casarse con su sombra
y vivió con ella hasta su muerte.
Él está ahí, bajo el granito,
ella vive paciente,
escondida de la luz del sol,
tendida en la blanda cama de la noche.
Dormía arropado con el manto
que aparece cuando termina el día
y soñaba con la vida joven
cuando todo era vino,
en los viñedos nocturnos, formas oscuras.
Cuando todo era música,
cuando los senderos tenían destino,
cuando todo era cierto,
cuando la certeza
perseguía a la duda para redimirla.
Hoy, la duda es una sombra,
se escabulle, insegura, incierta.
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