Jaime Irra Carceda
Chillan los goznes de las puertas,
dientes que rechinan por el frío.
Bombas poderosas explotan,
Tiembla la tierra, tiembla.
Es invierno, los huesos crujen
las tripas se adelgazan, vacías.
Las mujeres cocinan los zapatos,
hacen sopa y los niños comen.
Sus padres mueren en las trincheras
ahogadas en sangre.
Hombres de guerra irrumpen,
las niñas son violadas en sus casas.
Así, ya nada es de ellos,
les han quitado todo.
En Ucrania el agua está contaminada,
la sed agrede y mata.
Pero he aquí que la resistencia se mueve,
se hace arrojo, estamina,
coraje, furia, otra fuerza.
El ejército ucraniano lucha por su patria.
Los rusos no saben por qué pelean,
morirán también o huirán en retirada
ateridos por las puntas del invierno.
Serán, ya son empujados a su casa.
El honor de Ucrania es más grande.
En otro tiempo, el de Stalin, el de Hitler.
Los patriotas rusos
vencieron a la fuerza alemana
Era también un crudo invierno.
El invasor no pudo con el honor rojo.
Hoy, la historia al revés.
